De noche llegaron sin ser invitadas. De día se perdieron: no están extraviadas.
Pálida es mi cara, pero muy hermosa, a veces de tarde se me ve borrosa, en cambio de noche brillo como ninguna, sobre el mar, sobre el río o sobre la laguna.
Soy el que jamás descansa y va y viene sin cesar. Nunca me puedo secar. Jamás te aburre mi danza. En presencia o añoranza tú siempre me vas a amar.
Un cestito de avellanas que por el día se recogen y por la noche se esparraman.
Tiene lecho pero no duerme, tiene boca pero no habla.